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Por Esteban Galindo.

S.Y.R.A., son las iniciales que encontramos insertadas en la diadema situada en la parte superior de la custodia de la Catedral de Barcelona, y que perteneció a la reina Violante de Bar, esposa de Juan I y protagonista de nuestro artículo. Recuperamos este personaje histórico no sólo por su importancia dentro de la historia de Cataluña, especialmente en aquel momento tan trascendente como fue el Compromiso de Caspe, sino porque, como hizo su cuñado, el rey Martín I el Humano, ella también decidió pasar el último periodo de su vida en el palacio de Bellesguard.

Violante nació en 1365, dentro de una de las grandes familias nobles de Francia, ya que estaba emparentada con la dinastía real de los Valois. En consecuencia, fue educada en un ambiente cortesano y preparada para un gran enlace matrimonial que no tardó mucho en llegar.

Con solo 15 años, se casó con el joven Juan, el futuro rey de Aragón, viudo de su primera esposa. Este matrimonio no contó con la aprobación de su suegro, Pedro el Ceremonioso, quien quería aprovechar el matrimonio de su hijo para reforzar las alianzas con Sicilia. Hasta coronarse reina no lo tuvo fácil, especialmente con su suegra Sibila de Fortiá, segunda esposa del rey Pedro III, pero una vez en el poder, disfrutó de una buena relación con su marido, creando un ambiente muy refinado en la corte, así como promoviendo el arte y la literatura, al estilo de la corte francesa.

Sus nueve años de matrimonio con Juan I no produjeron ningún varón que llegará a edad adulta. Sólo una hija, Violante, le dejó un nieto, Luis de Anjou.

Al enviudar, se retiró de la primera línea política hasta que los acontecimientos en la corte le devolvieron el protagonismo. En julio de 1409, llegaba la noticia de la muerte del heredero al trono, Martí el Joven, primogénito de Martín el Humano, hecho que dejaba la puerta abierta a la sucesión de la Corona de Aragón y Violante aprovechó el momento para acercarse al rey y defender la candidatura de su nieto Luis.

Se estableció en la residencia real de Valldaura, y desde allá inició todos los pasos necesarios. Según nos explican las crónicas, Violante visitaba frecuentemente Bellesguard y asistía a las reuniones donde se planteaba la decisión del futuro heredero. Este hecho nos demuestra que la reina viuda todavía disfrutaba de una fuerte influencia en las decisiones del reino y su voz era escuchada y tenida en cuenta.

Empieza para ella un periodo muy intenso, donde mostró sus capacidades para repercutir en la gran política del momento, manteniendo una activa correspondencia con todos aquellos que podían ayudarla, creando un fuerte grupo de presión para favorecer la llegada al trono de su nieto Lluís, a quien por justicia y derecho le pertenecía según Violante.

Durante este periodo tan convulso que dio lugar a un interregno de dos años, Violante no pudo contrarrestar el hándicap que suponía la corta edad de Lluís, que con solo seis años, implicaba que Violante fuera regente hasta la mayoría de edad de su nieto. En Caspe se decidieron por la estabilidad política y la mejor opción desde esta premisa era Fernando de Antequera.

Después de su derrota, Violante se retiró a Bellesguard, donde disfrutó de la paz y tranquilidad hasta acabar sus días en 1431. Su cuerpo fue enterrado en el monasterio de Poblet, junto a su marido.

Violant de bar