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Medicina y arquitectura. Por Fernando Garcés.

Hoy, desde Bellesguard, queremos rendir un tributo especial a todos los profesionales médicos que, como en la época de Matí I, han tenido que hacer frente a una terrible pandemia, y, desde entonces, no han dejado de luchar contras las nuevas enfermedades que han azotado la ciudad. Muchas gracias por vuestro esfuerzo.

El Estudio General de Medicina de Barcelona surgió en tiempos de Martín I a raíz de la fundación del Hospital General de la Santa Cruz en la ciudad condal. Este centro, pionero en la enseñanza de la medicina, fue el germen de la actual Universidad de Barcelona. Para ser exactos, la primera piedra la colocaron el propio monarca y su esposa María de Luna el 17 de abril de 1401. En su época, fue una de las instituciones más avanzadas de Europa y, paradojas de la vida, el 10 de junio de 1926 será el hospital donde expirará Antoni Gaudí.

No acaban aquí las casualidades. Unos años antes, en homenaje a Martín I, Gaudí construyó la Torre Bellesguard, un edificio de estilo neogótico que, en 1944, fue adquirido por Luis Guilera i Molas con la intención de abrir una clínica pionera en el estudio del cáncer en Barcelona. Su hijo, Luis Guilera Soler, la transformará en una maternidad. Ambos médicos cursaron sus estudios en la Universidad de Barcelona cuyo origen se encuentra en el hospital fundado por Martín I.

Más de quinientos años separan el hospital del rey Martín y la clínica de la familia Guilera, pero, en ambos casos, el objetivo ha sido el mismo: velar por la salud de los pacientes. A continuación, vamos a recordar algunos momentos de la sorprendente historia de estos centro médicos.

El mundo moderno en Cataluña comienza con el reinado de Martín I, llamado el Humano en referencia al Humanismo, la filosofía del Renacimiento que, de manera gradual, pondrá fin a la Edad Media. La fundación del Hospital General de la Santa Cruz es prueba de ello, si bien no se trató de una transición abrupta. En tiempos de Martín I, la religión todavía ocupaba un papel predominante. Como matiza José Antonio Peña Martínez, autor de una de las pocas biografías del monarca, “en aquella época, el vocablo hospital era sinónimo de acogimiento, de hospitalidad (…) Desde el punto de vista eclesiástico era un locus religiosus –una casa santa” es decir, la curación del alma era más importante que la del cuerpo, lo que implicaba, entre otras cosas, la aceptación de la enfermedad como un designio de Dios.

Ahora bien, Martín I se negó a aceptar que los pobres murieran sin una atención médica básica. Para remediarlo, fundó este hospital cuyo principal objetivo fue dar acogimiento a todos los miserables y desgraciados. Por esta razón, siglos más tarde, cuando Gaudí fue trasladado a dicho hospital, se negó a abandonarlo. Recordemos que, al principio, le confundieron con un mendigo. Una vez reconocido, sin embargo, le ofrecieron ir a una clínica privada. El arquitecto, no obstante, se negó, alegando que su destino era morir “con los más necesitados”.

La institución recibió el nombre de Hospital General porque reunía en un solo lugar a los diferentes centros de acogida de la ciudad con el fin de facilitar el control sanitario de la población y, así reducir el peligro de contagio. Un peligro muy real en una ciudad que, desde la irrupción de la peste negra en 1348, no había dejado de sufrir funestas mortandades (ver artículo sobre la peste). En esa época, por cierto, Martín I también fundó un hospital similar en Valencia.

No fue una iniciativa fácil de llevar a cabo. El Consejo de Ciento se opuso reiteradamente a la iniciativa real, que veía como una intromisión del monarca en las competencias locales. Los trabajadores, por su parte, se declararon en huelga para exigir un aumento de sueldo. No obstante, a pesar de todos los inconvenientes, el rey Martín logró sacar adelante su proyecto, que incluía la formación de un cuerpo de profesores de medicina cuyo sueldo debió sufragar la propia corona.

El monarca contó con el respaldo de un futuro morador de su castillo de Bellesguard: Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna, quien además de amigo era pariente de su primera esposa, María de Luna. Gracias al pontífice, el rey consiguió para el estudio de medicina de Barcelona las mismas prerrogativas que el de Montpellier, el más prestigioso de su época. A estos estudios, se le sumó en 1402 una Facultad de Artes, por lo que a partir de este momento, como leemos en la web de la propia Universidad de Barcelona, “los estudios universitarios de Barcelona se conocieron como Estudio General de Medicina y Arte”.

Los sucesores de Martín I proseguirán esta labor y, en 1450, el rey Alfonso el Magnánimo fundará el Estudio General de Barcelona, es decir, la actual Universidad de Barcelona, que unificaría todos los centros de enseñanza anteriores e incluiría otras disciplinas, como Derecho, Teología y Filosofía.

Siglos más tardes, como ya hemos visto, en 1926, Antoni Gaudí fallecerá en este hospital para “los más necesitados”. Unos años más tarde, el médico Luis Guilera i Molas comprará la Torre Bellesguard, la obra que el arquitecto proyectó como un homenaje a Martín I. En ella, el médico instalará una clínica pionera en el estudio del cáncer, en los pisos inferiores, y la vivienda, en los superiores. Más tarde, su hijo, la transformará en una maternidad. Las últimas personas que nacieron en ella lo hicieron entre 1974 y 1975. Desde que la torre se abrió al público a finales de 2013, no han dejado de visitarnos algunas de ellas. Seguro que Gaudí estaría complacido con el destino de su obra.

Benedicto XIII
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