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Por Fernando Garcés.

Bernat Metge (1340-1413), consejero real de Martín I, es respetado hoy en día como uno de los mejores escritores catalanes de todos los tiempos. Su obra, El Sueño, no ha dejado de reeditarse y traducirse. Se la considera la primera manifestación de prosa humanista en catalán y un modelo literario. Ahora bien, sin la existencia de un ambiente cultural previo, no se habría adquirido la perfección alcanzada en esta obra.

En efecto, el humanismo, el movimiento filosófico del Renacimiento, es anterior a la consagración literaria de Bernat Metge. Se esboza ya en Cataluña gracias a la creación de la Cancillería real durante el reinado de Pedro el Ceremonioso (1319-1387), el padre de Martín I. Este organismo estatal, donde se redactaban toda clase de documentos oficiales a través de los diferentes territorios de la corona, permitió unificar, de manera gradual, la lengua catalana y adaptarla a los criterios latinos del Ars Dictandi (manuales para escribir bien) Criterios que, como es bien sabido, llegaron desde Francia e Italia, siguiendo el entusiasmo clasicista de la época. Bernat Metge, un funcionario de la Cancillería, se convertirá en el más destacado ejemplo del ambiente cultural en torno a esta renovación lingüística y estilística.

Nació en Barcelona, ​​en el seno de una familia propietaria de una botica que servía a Leonor de Sicilia (1325-1375), tercera esposa de Pedro el Ceremonioso y madre de Juan y Martín, los futuros reyes de la corona de Aragón. La buena relación de su familia con la corte le abrió las puertas de la Cancillería pero será su talento lo que le permitirá ascender rápidamente dentro de ella, desempeñando los puestos de escribano, consejero y hombre de confianza tanto de Juan I como de Martín I. Ambos monarcas hablaban a menudo con él de temas filosóficos y literarios. El mismo Bernat Metge escribió diferentes libros y traducciones que sirvieron para consolidar el humanismo en la literatura catalana. Ahora bien, la vida del hijo del boticario no está exenta de sombras. Un escándalo eclipsa esta mimada posición…

Al morir de forma súbita Juan I en 1396, Bernat Metge, junto a otros consejeros, fue acusado de irregularidades administrativas e incluso de atentar contra el soberano. Al salir de la prisión, escribió su obra más importante, El Sueño, para rehabilitar su buen nombre. En esta obra, el consejero real finge un diálogo con el espíritu del difunto rey Juan I sobre la naturaleza del alma y las mujeres. Su conversación está llena de referencias a autores clásicos y renacentistas que reflejan el ambiente cultural de la corte. Al final de la obra, cuestionado sobre la causa de su muerte, el espíritu impugna cualquier acusación contra el autor.

El año 1402, Bernat Metge fue totalmente rehabilitado y readmitido como escribano del rey Martín I. Tres años más tarde, incluso, volverá a ser nombrado secretario real, como ya lo había sido del difunto Juan I y permanecerá en el cargo hasta el fallecimiento de Martín I en 1410. Muerte que sorprendió al monarca en su palacio de Bellesguard. En este palacio, Bernat Metge asistirá a la boda del rey con Margarida de Prades y todas las reuniones de los últimos meses del monarca. Además, gracias a su privilegiada posición, Bernat Metge también fue testigo de excepción de los acontecimientos más destacados de la corona previos a la estancia de Martín I en Bellesguard. Por ello, viajó a Zaragoza, Valencia, Mallorca, Sicilia y Aviñón, donde residía Benedicto XIII, el Papa Luna. Precisamente, algunas de las cartas más elegantes de la Cancillería fueron escritas por Bernat Metge durante este periodo. No obstante, tras el interregno y el Compromiso de Caspe, que entroniza a Fernando de Antequera, en 1412, el hijo del boticario fue apartado de la corte y morirá un año más tarde en su casa de la Calle de Cucurulla, en Barcelona.

 

Vicent Ferrer
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