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La expansión por el Mediterráneo.

Por Fernando Garcés.

Bellesguard es un gran libro de historia. Alrededor de los jardines, y tanto en la fachada como en el interior de la torre, Antoni Gaudí deja, a modo de pistas, alusiones a las glorias y sombras de la Casa de Barcelona, el linaje al que pertenecía Martín I, el rey que mandó construir el palacio original de Bellesguard.

Existe, sin embargo, otro protagonista menos conocido: Roger de Lauria (o Loria), el victorioso almirante de la Armada Real durante el reinado de Pere III el Grande, bisabuelo de Martín I. Un guerrero cuya popularidad ha perdurado hasta la actualidad. No sólo fue el artífice de la expansión mediterránea de la corona de Aragón sino que, además, frustró la invasión de Cataluña por parte del monarca francés Felipe III el Atrevido, en las batallas de les Formigues y del Coll de Panissars. Como recompensa a sus servicios, fue enterrado a los pies del sepulcro de Pedro el Grande, en el Monasterio de Santes Creus.

La alusión al famoso almirante la encontramos en el mosaico, con forma de banco, situado en la entrada del a Torre Bellesguard. Al ser el único motivo decorativo atrae rápidamente la mirada del visitante. Por si no fuera poco, este motivo se repite a ambos lados de la puerta principal. El mosaico muestra la frase que mejor rememora el poder naval obtenido por el linaje de Martín I sobre el Mediterráneo.

Ilustración: Batalla del golfo de Nápoles, pintura de Ramón Tusquets i Maignon, 1885. La imagen muestra a Roger de Lauria aceptando la rendición de Carles II d’Anjou, el comandante de la flota francesa.

Nos referimos a la frase pronunciada después de la batalla naval del Golfo de Nápoles que tuvo lugar el 5 de junio de 1284. El combate enfrentó a las naves de Carlos II de Anjou, más conocido como “El Cojo”, contra la escuadra de Pedro el Grande al mando de Roger de Lauria. El resultado del enfrentamiento fue la captura del rey francés. Victoria que, según la Crónica de Bernat Desclot, hizo que nuestro protagonista exclamara altivamente:

“No pienso que galera o bajel u otro barco se atreva a ir sobre el mar sin tener salvoconducto del rey de Aragón; y no solo galera, ni aún leño, sino que no creo tampoco creo que ningún pez ose levantarse sobre el mar, si no lleva un escudo con la enseña del rey de Aragón en la cola, para mostrar el salvoconducto de este noble señor el rey de Aragón y de Sicilia” (capítulo CLXVI).

Estos peces representan los territorios bajo el dominio Mediterráneo por parte de la corona de Aragón. Recordémoslos: Aragón, Cataluña, Valencia, las islas Baleares, Cerdeña, Sicilia, Nápoles y, durante un breve período de tiempo, en el siglo XIV, también los ducados de Neopatria y Atenas, situados en Grecia. Eran los tiempos de los también enaltecidos almogávares, los soldados de fortuna que hicieron celebre el grito de guerra “Desperta ferro” (Despierta hierro).

Y ahora regresemos al mosaico. Ya hemos visto el significado de los peces con la Señal Real (la bandera de las cuatro barras, o palos) Nos falta explicar la letra M de color amarillo, situada bajo la corona y detrás de los peces. La primera explicación es que representa al rey Martín I y a su segunda esposa, cuyo nombre también empieza por la letra “m”, Margarita de Prades. Ambos fueron los primeros señores de Bellesguard. Ahora bien, algunos estudiosos consideran que la letra “m” podría ser un tributo a Maria Reina, la madre de Jesús. De hecho, si levantamos la mirada, en el tímpano de la puerta que flanquean estos dos mosaicos, podemos leer la frase: “Ave María Purísima, sin pecado fuiste concebida”. De ser correcta esta segunda hipótesis, el mosaico combinaría dos de las principales pasiones de Gaudí: la historia de Cataluña y la religión católica. Por otro lado, conviene recordar que la realización de este banco cerámico fue ejecutada en 1916 por Domènec Sugrañes, uno de los principales colaboradores de Gaudí y, al igual que él, de marcada personalidad catalanista y religiosa.

Marie Curie
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