was successfully added to your cart.

Los Ballart: pasado, presente y futuro

Hace unos días fuimos honrados con una visita muy especial: la familia Ballart, un apellido muy destacado en la historia de la Torre Bellesguard de Antonio Gaudí.

Cuando Gaudí visitó por primera vez las ruinas del antiguo castillo del rey Martín, toda la sierra de Collserola era un inmenso yermo. De hecho, la zona donde se edificó el Parque Güell recibía el nombre de Muntanya Pelada (“Monte Pelado”) En las fotos de la época resulta difícil distinguir un árbol o incluso un arbusto. La persona responsable de replantar Bellesguard fue Pere Ballart i Ventura, un apasionado de la jardinería. Conocemos su labor gracias a un descendiente de los primeros propietarios de la Torre Bellesguard: Josep Maria Figueras i Bas, autor del libro La família Figueras. Els senyors de Bellesguard (“La familia Figueras. Los señores de Bellesguard”).

Hablando del jardín, el autor explica que debido a la afición de María Sagués -la matriarca de la familia Figueres- por la mermelada y las confituras, el masovero Pere Ballart y Ventura cultivó varios árboles frutales “del gusto de la señora” . Además, el jardín acogía “las especies más valoradas de aquella época: castaños de las indias, sauces, adelfas, laureles, tilos y palmeras”. Esta ultima especie, sin embargo, Pere Ballart la plantó “por orden del mismo Gaudí y en el lugar y la distancia adecuadas de la casa. El arquitecto sentía una especial predilección por esta especie, y él ya había previsto que los cien años de la finalización de la obra habrían llegado a una altura suficiente y que no harían sombra a la casa ni privarían la panorámica de los balcones y ventanas de la finca “(op. cit. página 74) Por desgracia, las palmeras se han tenido que podar este año debido a la plaga del picudo rojo (para saber más del jardín de Bellesguard, vaya al siguiente enlace: https://bellesguardgaudi.com/blog/el-jardin-de-bellesguard/.

A lo largo del tiempo, la familia Ballart ha atesorado un buen puñado de anécdotas de primera mano. En primer lugar, porque Gaudí dirigió personalmente la obra, por lo que el jardinero y el arquitecto colaboraron de manera estrecha durante años. En segundo lugar, porque los Ballart siguieron residiendo en Bellesguard mucho después de que los Figueres vendieran la finca y se fueran. Lo hicieron hasta después de la Guerra Civil en la Casa del Guarda, construida también en forma de castillo por Doménech Sugrañes, el principal colaborador de Gaudí, en 1916.

En consecuencia, el auténtico guía de la visita no fuimos nosotros sino Jordi Ballart Ros, el descendiente más mayor hoy de esta familia. Es una persona afable, con bigote blanco y sombrero de paja ¡Cuántas anécdotas curiosas nos explicó! Por ejemplo, un episodio de la Guerra Civil. Entonces vivían en la Torre unas monjas al cargo de unos huérfanos. En un momento dado, un grupo de soldados se plantado delante de la casa. El padre de Jorge los invitó a entrar y registrarla pero les advirtió que no encontrarían a ninguna monja. Los soldados le creyeron y las monjas se salvaron.

En resumen, como ya decíamos al principio, estamos muy honrados de haber recibido a la visita de la familia Ballart. Esperamos sentarnos en una mesa y entrevistarlos con calma compartiendo un buen café con el fin de recuperar todas las anécdotas, historias y aventuras cuotidianas de una familia que tiene su apellido ligado para siempre a la Torre Bellesguard de Antonio Gaudí.