septiembre 26, 2026
Por Ferran Garcés

Una conocida frase de Antoni Gaudí habla de su respeto y admiración por las plantas que más crecen: «¡Este árbol cercano a mi taller; este es mi maestro!». El arquitecto enamorado de la Naturaleza -la Liturgia (vegeu: L’altra font d’inspiració)- supo extraer importantes lecciones de estas plantas; lecciones que son tanto “físicas”, o arquitectónicas, como “espirituales”, o simbólicas. Un estudio de este tema sería difícil de resumir. Para no alargarnos, hoy nos limitaremos a comentar un pequeño ejemplo del segundo caso, el simbólico, que ocupa un lugar preferente en Torre Bellesguard.
El árbol de un rey y la Virgen María
Jesé fue el padre de David, arquetipo de soberano, y la tradición cristiana considera que Jesús es su descendiente. En el Libro de Isaías, se dice: «Saldrá una rama del tronco de Jesé, y un retoño brotará de sus raíces». Más tarde, en el Apocalipsis de Juan, Jesús afirma: «Yo soy la raíz y el retoño de David».
Esta profecía es un tema recurrente en el arte, y especialmente en el de época medieval, ya que reafirmaba dos fundamentos de la sociedad feudal: el poder religioso y la institución monárquica por derecho divino. En consecuencia, aparece profusamente en vidrieras, pinturas y relieves. Tradicionalmente, la imagen suele mostrarse de la siguiente manera:
· En la base, en la raíz, aparece Jesé dormido o tendido en el suelo.
· En el centro, vemos el tronco que nace del pecho o del vientre de Jesé, y las ramas, donde se van colocando los rostros de los diferentes reyes de Judá, como David o Salomón, y de los profetas que anunciaron al Mesías.
· En la copa, en lo más alto del árbol, se representa a la Virgen María y a su hijo, Jesús, como el fruto definitivo de la profecía.
Gaudí representó este tema en la fachada del Nacimiento de la Sagrada Família, como es lógico, para mostrar la genealogia de Jesús. En Torre Bellesguard, lo repitió, pero de una manera menos evidente. Para entender su representación, debemos recordar que la casa se construyó en el mismo lugar donde se había levantado el antiguo palacio del rey Martín I, un monarca profundamente religioso y que representa al último miembro de la Casa de Barcelona. No es casual, pues, incluir el motivo del árbol de Jesé en la obra final. Podemos descubrirlo sobre la puerta de la casa, en el mosaico dorado con forma de escudo cuadrado girado 45°. Ahora bien, como es habitual en Gaudí, su recreación de este motivo fue bien personal. Según Galdric Santana, actual Cátedra Gaudí, «Las letras de la casa con el nombre “Bell-Esguard” son rojas, y aparece también la ornamentación con ramas y hojas, a modo de árbol genealógico, con una hoja agrandada, donde Gaudí también realiza el doble juego simbólico del árbol de Jesé, en representación de la Virgen María, y al mismo tiempo el concepto del árbol genealógico de la dinastía real barcelonesa» (1).
Notas
(1) Santana Roma, Galdric (2021), «A propósito de Bellesguard». En: Permanyer, Lluís (editor), Sagnier y los modernistas: el oficio de la arquitectura 1880-1930, RBA, Barcelona, p. 133, nota 9.



