octubre 6, 2026
Por: Ferran Garcés

El Día Mundial de los Animales comenzó a celebrarse el 24 de marzo de 1925 por iniciativa del escritor y activista Heinrich Zimmermann. Poco después, en 1931, la fecha se trasladó al 4 de octubre para coincidir con la festividad de San Francisco de Asís, patrón de los animales. Queremos sumarnos a la celebración con una anécdota de la vida y la obra de Gaudí, que pone de manifiesto la curiosa interacción que puede llegar a establecerse entre los animales y los seres humanos a través del arte. Al fin y al cabo, la existencia de unos parece imposible sin la existencia de los otros. Una buena razón, pues, para celebrar días como el de hoy.
La naturaleza como inspiración
Es bien conocido el interés de Gaudí por estudiar la naturaleza y las soluciones constructivas que podían derivarse de ella. También es conocido el ejemplo de las celdillas que construyen las abejas, motivo de inspiración de los adoquines hexagonales del arquitecto, así como de los arcos catenarios, una de las formas arquitectónicas más características de su estilo e inspirada en las redes suspendidas en el aire que forman las abejas obreras. El primer lugar donde Gaudí utilizó arcos catenarios fue la Cooperativa Mataronense, una obra temprana del arquitecto, en la que trabajó entre 1878 y 1885. Lo que ya no es tan conocido es el detalle biográfico que tuvo lugar un poco antes…
Dos hermanos, un interés compartido
Francesc Gaudí i Cornet (1851–1876) fue el hermano mayor de Antoni Gaudí i Cornet (1852-1926). Nacido en Reus, estudió Medicina en Barcelona y se licenció en 1875. Un poco antes, el 21 de agosto de 1870, con diecinueve años, había publicado un artículo divulgativo sobre las abejas en El Eco del Centro de Lectura, una revista fundada en Reus en 1859. El escrito muestra un interés compartido con su hermano: la biología y, en concreto, el estudio de las abejas.
En aquella época, Antoni también se había trasladado a la ciudad condal para estudiar arquitectura, y ambos hermanos vivían juntos en un pequeño piso de “Ciutat Vella”. Por desgracia, Francesc murió prematuramente en aquel apartamento en 1876, con veinticinco años, a causa de una hemoptisis (expectoración de sangre debida a una hemorragia pulmonar).
Años más tarde, Gaudí utilizó los arcos catenarios en la Cooperativa Mataronense, una de sus primeras obras, y además, hacia 1884, diseñó el estandarte para esta asociación con los símbolos de una colmena en la tela del pendón y una abeja de bronce en la parte superior. Se ha considerado que los motivos de este estandarte, y en especial el motivo de la colmena, están inspirados en el artículo de Francesc Gaudí. Asimismo, el célebre adoquín hexagonal de Antoni Gaudí, diseñado hacia 1904, se asemeja a las celdillas de las abejas descritas por el hermano del arquitecto. Una forma geométrica, por cierto, que también vemos en el recibidor de Torre Bellesguard (véase: El adoquín de Bellesguard).

El texto original de Francesc Gaudí
En 2015, L’Eco del Centre de Lectura, la misma revista donde había publicado Francesc Gaudí, publicó un artículo rememorando aquel escrito. El autor, Jaume Massó, transcribió el texto normalizando los acentos gráficos. Reproducimos a continuación un fragmento en castellano porque este es el idioma en el que apareció originalmente, como era habitual en unos años en los que apenas se había iniciado la Renaixença (véase el texto completo en: El artículo del hermano de Gaudí).
En conjunto, el texto refleja una concepción de la naturaleza propia de la divulgación científica de la época, en la que la observación de los animales se relaciona con el progreso y el aprovechamiento de los recursos naturales. La colonia de abejas aparece como un ejemplo de orden, cooperación, división del trabajo y productividad, que es precisamente el mensaje que más tarde Gaudí querrá proyectar en el estandarte de la Cooperativa Mataronense. Por otra parte, al final del texto hay una referencia al Camp de Tarragona, que también nos recuerda la fuerte vinculación con sus orígenes conservada por Gaudí a lo largo de toda su vida.
“(Las abejas) poseen todas en alto grado el instinto de sociabilidad, en tanto que es dificilísimo encontrar un individuo solo. Las sociedades o enjambres anidan en el hueco de los árboles, en matorrales, o como son las más, en colmenas que el hombre fabrica ya en juncos, cañas, corcho, ya en troncos vaciados. / Son indispensables para la formación de los panales la reina de las abejas o hembra fecunda, las trabajadoras u obreras que son las hembras estériles y los zánganos o machos. / Escogido y revistado el sitio que destina para habitación o colmena, tapan al barnizar su interior con su líquido viscoso todos los agujeros menos uno que sirve de entrada y salida. Construyen en su interior los panales, compuestos de celdillas de forma prismática hexagonal terminando con una pirámide de la misma forma.
(…) En la provincia de Tarragona, recógense ambos productos, si bien en escasa cantidad, comparada con su consumo, en la Espluga de Francolí y en las riberas del Ebro. / Bueno sería que nuestros agricultores se dedicaran al fomento y reproducción de los panales; por cuanto su cuidado consiste solamente en colocar las colmenas en un sitio cualquiera abundante de flores, y preservadas de los murciélagos, gorriones, golondrinas, arañas y otros animales que tienden a exterminarlas, y del viento que las fatiga en gran manera.”



