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Por Fernando Garcés.

Dos influyentes personalidades lograron un premio Nobel mientras Gaudí construía la Torre Bellesguard. Ambos influyeron notablemente en uno de sus propietarios: Lluís Guilera Molas. En primer lugar, en 1903, Marie Curie y, poco después, en 1906, Santiago Ramón y Cajal. Hoy hablaremos del segundo.

La relación de Ramón y Cajal con Barcelona empieza en 1887, el año en que se trasladó a la ciudad para ocupar la cátedra de Histología creada justo ese año en la Facultad de Medicina de Barcelona. Entonces, esta facultad estaba situada en la calle del Carmen, es decir, al lado del Hospital de la Santa Cruz fundado por Martín I, el rey que había establecido la llamada universidad y construido el palacio de Bellesguard. También es curioso que Gaudí muriera en este hospital.

El futuro premio Nobel vivió cinco años en la ciudad condal. De todos, el año 1888 fue especialmente productivo. Él mismo lo llamó «mi año cumbre, mi año de fortuna». Entonces realizó muchos de sus descubrimientos más importantes, publicando una media de 12 trabajos cada año. Lo más importante, observar que el cerebro estaba organizado por células individuales, las neuronas, que él llamaba «las mariposas del alma», y la manera en que se hace la transmisión de los impulsos nerviosos.

 

Dibujo de las neuronas realizado por Ramón y Cajal.

 

Como era la época de la Exposición Universal, Cajal también participó con una serie de preparaciones histológicas que fueron premiadas con una medalla de oro. Por su parte, un también joven Antoni Gaudí -los dos nacieron el 1952- participó diseñando el pabellón de la Compañía Transatlántica, hoy desaparecido (fue derribado en 1960). Desgraciadamente, no sabemos si Cajal y Gaudí se conocieron y, de hacerlo, de qué hablaron.

El 1892 Cajal se trasladó a Madrid. Lluís Guilera Molas nacerá dos años más tarde. No se conocerán hasta la segunda década del siguiente siglo, cuando el joven barcelonés marche a la capital para ampliar sus estudios con una beca. La familia de aquel joven aún conserva una simpática dedicatoria que el maestro le dedicó entonces.

El 1922, recordando sus años de juventud en la ciudad condal, el claustro de profesores de la Facultad de Medicina de Barcelona felicitó Cajal y él, agradecido, les respondió con una carta diciendo: «No olvidaré jamás que allí, en el pequeño laboratorio micrográfico puesto a mí disposición en el viejo Hospital de la Santa Creu, efectué los primeros descubrimientos». El recuerdo tenía que ser profundo porque, en sus Memorias, Cajal vuelve a mencionar este laboratorio: “…Resolví al fin, en contra del consejo de mi familia, trasladarme a la ciudad condal y acerté en mis presunciones, porque en Barcelona encontré no sólo el sereno ambiente indispensable a mis trabajos, sino facilidades imposibles en otras ciudades para organizar un bien provisto laboratorio y publicar folletos ilustrados con litografías y grabados”.

 

Lluís Guilera Molas en su laboratorio de la Torre Bellesguard.

En 1924, Lluís Guilera también trabajó en el Hospital de la Santa Cruz y, en 1944, comprará la torre construida por Gaudí en Bellesguard y siguiendo los pasos de su maestro, lo primero que hará es adaptar las caballerizas para montar su propio laboratorio. Además, abrirá una clínica pionera en el tratamiento de las células cancerígenas en la planta principal y, finalmente, reservará el resto de la casa para vivienda. Este laboratorio ha conservado con el instrumental original y las muestras realizadas durante años. Como escribe Esteban Galindo, miembro del Equipo de Investigación de Bellesguard, constituyen unas «joyas de la historia de la medicina».

Dibujos de las células cancerosas de Lluís Guilera Molas.