octubre 30, 2026

Por: Ferran Garcés

El comercio, a finales de la Edad Media, comenzó a unir Europa con Asia. La relación reportó grandes riquezas, pero también trajo la peste, que entró en el Viejo Continente a través de los puertos mediterráneos a partir del año 1347. Su impacto fue tan profundo que provocó en breve tiempo una enorme mortandad. Además, durante los siglos siguientes reapareció periódicamente, condicionando la vida de varias generaciones. Personajes tan destacados como Benedicto XIII, conocido como el papa Luna, el escritor Bernat Metge, san Vicente Ferrer o el rey Martín I el Humano vivieron bajo la amenaza de nuevos brotes epidémicos. Bellesguard fue testigo de algunos de ellos…

Un palacio rodeado de pestilencia

Bernat Metge fue secretario del rey Martín I. Poco antes de su estancia en el palacio de Bellesguard, entre 1408 y 1410, reflejó el clima de miedo en una obra inacabada: Apologia. El protagonista es, o debía ser, un ciudadano desesperado que quiere abandonar Barcelona con su familia a raíz de un nuevo brote de peste.

Dos cronistas posteriores al reinado de Martín I describen una situación similar. El primero fue el humanista italiano Lorenzo Valla, autor de la Historia de Fernando de Aragón (1445-1446). En ella sostiene que  el rey también buscó en Bellesguard alejarse de «una ciudad demasiado pestilente» (2). El segundo fue el médico e historiador Jerónimo Zurita. En sus Anales de Aragón (1532), recoge la misma idea cuando afirma que «en la primavera deste año estuvo el rey en aquella su casa de Belesguart porque en la ciudad morían de pestilencia» (3).

La peste también afectó profundamente al papa Benedicto XIII, quien durante su vida tuvo que modificar diversos planes a causa de las epidemias, como su triunfal marcha hacia Roma que se truncó en Génova a causa de un brote en su ejército y la falta de recursos. Cuando llegó a Barcelona en el año 1409, huía de un brote en la ciudad de Perpiñán pero se encontró con una nueva epidemia en la Ciudad Condal. La gravedad de la situación le obligó a organizar, conjuntamente con las autoridades religiosas y municipales, una procesión solemne de la catedral y las parroquias «per rahó de les mortaldats» (4).

Ahora bien, a pesar de los riesgos, el papa no abandonó Barcelona. La situación política era demasiado delicada. El único hijo del rey Martín había muerto poco tiempo antes y la sucesión de la Corona estaba en peligro. Con el objetivo de garantizar un heredero, Martín I se casó con Margarita de Prades. Benedicto XIII ofició la boda en el castillo de Bellesguard, asistido por Vicente Ferrer, el futuro santo que la tradición popular convertiría en uno de los protectores espirituales contra la peste y las epidemias, puesto que la tradición católica le atribuyó numerosos milagros curativos tanto en vida como después de su muerte.

A pesar de la presencia de tan distinguidos invitados, el matrimonio no tuvo descendencia. Además, Martín I murió en el año 1410. Las causas exactas de su muerte siguen siendo objeto de debate entre los historiadores. Algunos autores, como Lorenzo Valla, han planteado la posibilidad de que hubiera sido víctima de la peste, aunque no existen pruebas concluyentes (5). El humanista italiano también afirmó que, después de la muerte del rey, «casi todos los de la casa murieron de peste o de fiebres, junto con muchos otros ciudadanos» (6). La propia reina Margarita fue una de estas víctimas.

El refugio de un obispo

Los efectos de la peste se prolongaron mucho más allá de la Edad Media. A finales del siglo XVI, durante el brote que afectó a Barcelona entre 1589 y 1590, el obispo Joan Dimes Loris se convirtió en una figura especialmente apreciada por su labor asistencial.

El jesuita reusense Pere Gil, en el Llibre primer de la història catalana, explica que el obispo residía temporalmente en la Torre de Bellesguard para alejarse de la ciudad infectada, pero que continuaba gobernando el obispado y atendiendo las necesidades espirituales de la población. El propio Gil relata cómo lo visitaba regularmente y cómo, desde aquel refugio, recibían información constante sobre el estado de Barcelona y de las parroquias afectadas (7).

Cuando contemplamos hoy Bellesguard, cuesta imaginar que este mismo lugar fue testigo de algunos de los episodios que marcaron la historia de las epidemias en Barcelona. Reyes, papas, santos y obispos convivieron aquí con la amenaza de la peste, buscando refugio o intentando hacer frente a sus consecuencias. Una historia que, siglos después, continúa formando parte de la memoria de Bellesguard.

Notas

(1) Echauz, Pau (29/03/2020), “El sorprendente tratado médico del siglo XIV con medidas todavía vigentes para combatir una pandemia”, La Vanguardia.

(2) Valla, Lorenzo (2005). Historia de Fernando de Aragón. Edición de Santiago López Moreda, Madrid, Akal, p. 145.

(3) Zurrita, Jerónimo ( ) Anales de Aragón (versión electrónica), “De la muerte del rey don Martín; y del estado en que dejó sus reinos”, cap. XCI, Institución Fernando elCatólico.

(4) Juncosa Bonet, Eduard (2025), “El papa Luna y el linaje nobiliario de los Prades”, en Benedicto  XIII, el Papa Luna (1394-1423): avances de la investigación en el sexto centenario de su muerteo , p. 151.

(5) Valla, Lorenzo (2005), Op. Cit. p. 146. En aquest capítol, Valla esmenta les altres possibles causes de la mort del rei Martí. Per saber més, vegeu: López Rodríguez, C. (2015). “Últimas voluntades de Martín I el Humano (30 y 31 de mayo de 1410).” Aragón En La Edad Media, 24, 227-229.

Vicente Blasco Ibáñez, en su novela El Papa del Mar, se hace eco de esta leyenda, lo que le permite enlazar la muerte del rey por la peste con los reveses que había sufrido el pontífice a causa de ella: “Otro infortunio aún mayor cayó sobre el anciano Pontífice, que había establecido su corte en Barcelona. La peste causaba grandes estragos en la mencionada ciudad, pero él no quiso huir ante su amenaza, como lo había hecho en Marsella y Génova. Hubiérase dicho que la desafiaba, cansado de luchar y de vivir. La epidemia respetó a este viejo pequeño y enjuto, que parecía sostenerse por un esfuerzo de su poderosa voluntad, mientras se iba ensañando en los personajes de su corte y acababa de matar a su más poderoso sostén, el rey don Martín. Cabizbajo y lloroso lo acompaño el Papa hasta la tumba”.

(6) Ibíd.

(7) Galdeano Carretero, Rodolfo (2013), “La Historia moral de Cathalunya de Pere Gil (1550-1622) i la historiografia catalana de l’època moderna”, Tesis doctoroal, volum primer,  Universitat de Girona, p. LXVI