enero 30, 2026
Hoy hablaremos de las mujeres más cercanas a la vida del arquitecto, y el próximo viernes de sus clientas. El tema de ambos artículos es un enfoque poco habitual en el estudio de Gaudí, por lo que existe muy poca información al respecto. Lógicamente, nuestro artículo no pretende reparar esta omisión, sino recoger algunos de los escasos testimonios existentes. Ahora bien, ojalá sirva de inspiración para un estudio más detallado.
Año 1879. Roseta, sobrina y casi hija
Antoni Gaudí obtuvo el título de arquitecto en 1878. Una buena noticia eclipsada por una época dura a nivel personal. Antes de la licenciatura, en poco tiempo, había enterrado a casi todos sus familiares. Entre otros, la abuela, el 8 de noviembre de 1875; el hermano, ocho meses después, el 1 de julio de 1876; y la madre, no mucho más tarde, el 8 de septiembre de ese mismo año. Finalmente, después de la licenciatura, el 17 de octubre de 1879, llegó el turno de su hermana, Rosa, que dejaba una hija de tres años, Roseta Egea i Gaudí. Lamentablemente, su marido, un músico alcohólico, abandonó a la niña. Entonces, la huérfana quedó a cargo de los únicos miembros vivos de la familia: el propio Gaudí, soltero, y su padre, viudo.
En un primer momento, la pequeña fue internada en el colegio de las religiosas de Jesús María, en Tarragona, en un edificio que, justamente, entonces se estaba ampliando con una capilla. Del internamiento derivarán hechos importantes porque Gaudí conocerá allí al sacerdote Joan Grau, padre espiritual del colegio y futuro gran amigo del arquitecto. Además, en un primer momento, Grau le pedirá diseñar el altar y otros elementos litúrgicos de dicha capilla, y, años más tarde, le encargará el palacio episcopal de Astorga. Además, Joan Grau, podría haber sido el cliente de Torre Bellesguard de no haber muerto inesperadamente (véase: un bisbe per les ruïnes d’un castell).
Al llegar a la edad adulta, Roseta volvió con su tío y abuelo. Los tres vivirían juntos hasta 1906, fallecimiento del padre, y 1912, fallecimiento de la sobrina. La muerte de Roseta provocó un gran desánimo en el arquitecto, ya que, en la práctica, había sido como una hija para él. Por otro lado, Roseta sufrió mucho en sus últimos años debido a la tuberculosis y al remedio de la época: dosis cada vez más altas de láudano, un medicamento compuesto de alcohol y morfina, sustancias que la volvieron muy dependiente (1).
Poco antes, Joan Matamala Flotats, hijo de Llorenç Matamala, gran amigo de Gaudí y primer escultor de la Sagrada Familia, realizó un dibujo de los Güell. La señora en la puerta con una bandeja se llamaba Vicenta y era la criada de la casa. Por desgracia, de la criada poco o nada se sabe.

Matamala Flotats, Juan. La familia de Antoni Gaudí en el comedor de su casa en el Park Güell. UPC, Càtedra Gaudí.
Año 1884. La Pepeta, el amor imposible
Como hemos visto, en 1878, Gaudí conseguía su licenciatura y, justo entonces, entró en contacto con un innovador proyecto: la nueva sede de la Cooperativa La Obrera Mataronense, un complejo industrial impregnado de socialismo utópico que incluía equipamientos sociales y viviendas para los cooperativistas. Ahora bien, del conjunto ideado por Gaudí, hoy en día, sólo se conserva la llamada “Nau Gaudí”, construida en 1883.
El arquitecto también diseñó el estandarte de la sociedad, un elemento muy habitual de la época que se utilizaba para presidir fiestas y actos solemnes. La imagen estaba tan cargada de detalles y filigranas que la bordadora escribió una carta al autor quejándose por la dificultad de coser aquel dibujo. Esa bordadora se llamaba Josepa Moreu i Fornells, hoy más conocida como “La Pepeta”. Era una mujer pelirroja, avanzada a su tiempo, que leía la prensa anticlerical y daba clases de francés a los hijos de los obreros. Gaudí se enamoró de ella.
Durante unos cuatro años, el joven arquitecto frecuentó la casa familiar de la Pepeta y, casi siempre, lo hacía llevando a su sobrina Roseta, que ya había vuelto del internado y empezado a vivir con su tío y abuelo. Sin embargo, el día en que Gaudí, finalmente, decidió declararse a la Pepeta, la respuesta no fue la esperada. La bordadora del estandarte ya estaba comprometida con otro hombre y lo rechazó mostrándole el anillo de compromiso de su prometido. Gaudí nunca volvió a verla.
Se ha especulado mucho sobre cómo este rechazo marcó el resto de la vida del arquitecto. ¿Ese desengaño lo condujo hacia la introspección o incluso el misticismo? Esto es lo que parecen sugerir algunos de sus biógrafos. Por ejemplo, Gijs van Hensbergen escribe: “Resignado al celibato, Gaudí asumió con fatalismo su estéril vida amorosa. Más tarde optaría, como tantos místicos del Siglo de Oro español, por la ‘llama de amor viva’, el peregrinaje espiritual que conduce a Dios y propugna la negación del yo y la abnegación de la carne. Dio la espalda a la compañía femenina para convertirse, según Lluís Permanyer, en un misógino que reprendía a sus ayudantes si visitaban cafés de dudosa reputación o se les veía paseando en compañía de mujeres” (2).
Año 1904. Las mujeres de sus amigos
El artífice de la Sagrada Familia nunca formó una familia aparte de la que compartió con su padre y su sobrina, pero convivió con las familias de algunos de sus amigos más cercanos. En especial con la de Pere Santaló i Castellví, un médico que conoció el año de su licenciatura y que siempre estuvo a su lado hasta el final. De manera regular, el arquitecto visitaba la casa de su amigo. Los Santaló también pasaban cada verano un par de semanas en Montserrat, y, a menudo, los Gaudí subían a visitarlos. Una de las fotos más famosas de Gaudí fue tomada durante una de aquellas excursiones, en 1904. Sin embargo, esta fotografía suele publicarse recortada, mostrando sólo al arquitecto. No obstante, en la fotografía completa podemos ver a la familia de Gaudí en primer plano, incluyendo a Roseta, y a las mujeres del doctor Santaló en la parte superior de la imagen.

Lamentablemente, sabemos muy poco de las ocasiones en que Gaudí se relacionó con las esposas e hijas de sus amigos. Aun así, se ha conservado una anécdota relativamente famosa de sus visitas a los Santaló, que no deja bien parado al arquitecto. A continuación, damos la versión de Joan Bassegoda, uno de los principales biógrafos de Gaudí.
Otras veces Gaudí había visitado a Santaló en su casa de la calle Conde del Asalto, y en una ocasión en que los dos amigos conversaban en la salita, de repente entró Francisca, la hija de Santaló, y Gaudí la expulsó con cierta violencia diciéndole que no fuera cotilla y que los jóvenes no debían interrumpir las conversaciones de los mayores. La joven quedó muy enfadada y, años después, a raíz de la muerte de Gaudí y de la petición de mossèn Manuel Trens y otras personas del entorno del arquitecto que solicitaban su beatificación, Francisca Santaló decía: “A Gaudí lo harán santo, patrón de los rabiosos” (3).
Año 1904. ¿Una aventura secreta de juventud?
Entre los principales amigos y defensores de Gaudí destaca el poeta Joan Maragall, autor de un influyente artículo solicitando ayudas para financiar la Sagrada Familia en el Diario de Barcelona en 1905. También es el autor de un relato titulado “Calaverada” (aventura de juventud). Lo escribió el año anterior al artículo, es decir, en 1904, un periodo, como hemos visto, de gran actividad creativa.
En esta narración, Maragall relata un encuentro de amigos, todos artistas, en el que cada uno explica una “calaverada”. Entre ellos hay un arquitecto. Es el último en hablar y describe un amor platónico que tuvo de joven y del que aún conserva el recuerdo (4).
A partir del relato de Maragall, se ha tejido una leyenda: el arquitecto enamorado no sería otro que Antoni Gaudí. Además, se ha sugerido que esta historia de amor inspiró los tres poemas del poeta que conforman el ciclo “Haidé” (5). En ellos, como en el relato, se habla de un amigo que confiesa un antiguo amor. El ciclo forma parte del poemario Les disperses, escrito también en 1904. ¿Es cierta esta leyenda o, como suele decirse, “Se non è vero, è ben trovato”?
1924-1926. Montserrat Rius, la cuidadora antes del final
El 15 de diciembre 2012, fue noticia la muerte a los 102 años de la última persona que había conocido Antonio Gaudí. Era la monja carmelita Montserrat Ríos, cuidadora de Antonio Gaudí en el Parque Güell. Empezó a trabajar cuando tenía 14 años, en 1924, y lo seguirá haciendo hasta el fallecimiento del arquitecto en 1926. La acompañaba su hermana María u otra novicia, y sólo iban los jueves.
Antes de su fallecimiento, dejó testigo de su convivencia con él, tanto en un pequeño libro, Recordando Gaudí, como ante el tribunal de la causa de su beatificación, donde lo describió como un hombre callado, trabajador y de buen trato. Gracias a su testimonio sabemos algunos detalles cotidianos de los últimos años del arquitecto. Por ejemplo, “El arquitecto dormía en un jergón de paja y, un jueves, las religiosas le cambiaron por un colchón de lana. A la semana siguiente, encontraron de nuevo el jergón en la cama sin somier, y el colchón guardado. Nunca se hizo ningún comentario sobre el incidente” (6)
1959. Engràcia, la última y la primera…
La protagonista ahora es la última mujer asociada a Gaudí porque su nombre no aparece hasta después de la muerte del arquitecto, y es la primera porque fue la comadrona que lo trajo al mundo: Engràcia Llorens Pellicé (1821-1897).
Durante la vida de Gaudí nunca se planteó la polémica sobre su lugar de nacimiento. Este debate corresponde a la época de sus primeras biografías (véase: Les arrels d’un geni). Entre los argumentos a favor de Riudoms, uno de los más influyentes es el testimonio de la nieta de Engràcia, quien, por cierto, también se llamaba Engràcia. Según ella, en su casa siempre se había dicho que la abuela había asistido a la madre de Gaudí en Riudoms. Josep Maria Tarragona fija esta declaración en el juzgado de Riudoms el 26 de septiembre de 1959, poco antes de la muerte de la nieta (7).
El próximo viernes, conoceremos a más mujeres que su cruzaron en el camino de Gaudí. Esta vez como clientas…
Notas
(1) Tarragona i Clarasó, Josep Maria (2016) Gaudí, el arquitecto de la Sagrada Familia. Biografía breve, Torsimany Books, pp. 94–95
(2) Hensbergen, Gijs van (2002), Antoni Gaudí, Plaza&Janés Debolsillo, pp. 95–96
(3) Bassegoda i Nonell, Joan (1998), “La relació de Gaudí amb el doctor Pere Santaló i Castellví”, Revista d’Història de la Medicina i de les Ciències de la Salut, Vol. 30, pp. 29–36
(4) “Una Calaverada” – Biblioteca de Catalunya (en catalán)
(5) Serrahima, Maurici (1953), “D’on va sortir l’Haidé de Maragall”, Butlletí de la Societat Catalana d’Estudis Històrics, nº 2, pp. 33–40
(6) Tarragona, Josep Maria (19/12/2012), “Montserrat Rius Camps, una religiosa que atendía a Gaudí”, blog antonigaudi.
(7) Ibíd (16/10/2006), “Engracia Llorens i Pellicé, llevadora de Riudoms”, web antonigaudi.org
Véase también: Torres Domènech, Joan (2018), El Gaudí que no ens han explicat, Cossetània Edicions, Valls, p. 38



