junio 4, 2026

Por Ferran Garcés

La última fotografía de Gaudí lo muestra esperando el inicio de la procesión del Corpus Christi, en la puerta de la catedral de Barcelona. Está rodeado por conocidos del Cercle Artístic de Sant Lluc, una asociación de carácter católico de la que el arquitecto formaba parte. Aquel día de junio de 1924, como hoy, era jueves. Durante esta procesión, se venera la custodia que descansa, según la tradición, en el trono, o la silla, de Martín I el Humano, el rey que mandó construir el antiguo palacio de Bellesguard en el que Gaudí se había inspirado para hacer la actual Torre Bellesguard, dos décadas antes.

Curiosamente, Jacint Verdaguer, poeta y gran amigo de Gaudí, en uno de sus últimos poemas, también se había inspirado en las leyendas de Bellesguard para explicar la relación de este trono con la procesión que estaba esperando Gaudí aquel jueves hace ciento dos años. Un trono alrededor del cual desfilan casi todos los principales protagonistas de aquel antiguo palacio. Tan antiguo como la propia festividad del Corpus…

Mucho más que el “ou com balla” y los gigantes

Si entráis esta semana en cualquier claustro de la ciudad condal, no encontraréis la quietud y la soledad que son propias de una iglesia, sino rumor y gente fascinada por el ou com balla. En la calle todavía habrá más gente, siguiendo a los gigantes y el resto de tradiciones festivas, como las alfombras y las enramadas. No hace falta decir que en Berga, con la Patum, el Corpus alcanzará su manifestación más ruidosa, pero, allí donde se celebre, habrá ambiente festivo.

En el pasado, sin embargo, sin dejar de ser igual de popular, el Corpus era una fiesta con un carácter religioso mucho más marcado. De hecho, fue establecida en 1264 para homenajear la Eucaristía, el sacramento por el cual Jesucristo se hace presente en la consagración del pan conocido como la hostia consagrada. Para los creyentes, representa el cuerpo de Cristo, el elemento central de la comunión. A partir de 1316, esta creencia se extenderá por toda Europa gracias a una bula papal y un gran fervor clerical y secular.

En el año 1320, Barcelona fue la primera ciudad de Cataluña en celebrar la nueva festividad. Desde entonces, la procesión se convierte en uno de los rituales más importantes del calendario festivo barcelonés. Pronto, a la procesión se añaden las figuras de la imaginería festiva (gigantes, cabezudos, dragones, víboras, mulas o cucaferas), así como diferentes danzas y la tradición del ou com balla. Hoy en día, estos elementos se han convertido en los más populares, pero, en el pasado, el momento culminante de la festividad era la procesión que estaba esperando Gaudí aquel jueves de 1924. Una tradición con más de setecientos años.

En su tiempo, la procesión de la Custodia, símbolo de la Eucaristía, congregaba a todos los estamentos sociales, reflejando la estructura profundamente jerarquizada de la Edad Media y las épocas posteriores. Se ha conservado un gran número de láminas a través de las cuales podemos estudiar la evolución de esta procesión (2) La siguiente es de época cercana a la de Gaudí.

Custodia con la silla del Rey Martín de la catedral de Barcelona. Autor desconocido (Entre 1895 y 1916).

La leyenda, el poema…

La custodia, llamada también ostensorio, es una especie de armario hecho con metales preciosos, donde se guarda la hostia consagrada, y que, en ciertas ocasiones, se usa para mostrarla a los fieles. Según la tradición, el pedestal de la custodia de la catedral de Barcelona es la silla, o trono, del rey Martín. Esta silla, muy probablemente, acompañó los últimos días del monarca en el antiguo palacio de Bellesguard. Así, al menos, lo creía Jacint Verdaguer, quien, en uno de sus últimos poemas, explicó el origen de la tradición. Su título es suficientemente significativo: “La Custodia de la Seo de Barcelona” y fue publicado póstumamente en Eucarísticas (1904)

Curiosamente, este poema fue escrito alrededor de 1900, el año en que Gaudí aceptó el encargo de Torre Bellesguard. Hoy lo podéis encontrar también en Barcelona, un libro que reúne textos ya conocidos sobre la ciudad y otros nuevos. Por sus versos, desfilan todos los principales personajes de la historia de Bellesguard…

El poema explica cómo la ciudad condal encarga a su mejor platero que fabrique una custodia de oro para Dios y un trono de plata para el rey. El artesano decora la custodia con piedras preciosas y filigranas. El objeto es comparado con un castillo alto y fuerte, lleno de pináculos y ventanas góticas, como las coronelas que, curiosamente, también utiliza Gaudí a la hora de construir su peculiar recreación en Torre Bellesguard del antiguo palacio del rey Martín.

La parte central del poema narra la estancia del rey Martín el Humano en ese palacio, famoso por la belleza de su jardín. “Bellesguard es alegre, verde y florida / florida como una Pascua, verde como abril”, leemos. Sin embargo, a pesar de su esplendor, Martín está triste desde que ha recibido la noticia de la muerte de su único hijo el día de Santiago (25 de julio de 1409). En medio de su soledad, le presentan a varias jóvenes, y finalmente su corazón se inclina por Margarita de Prades, hija de un conde y nieta de un rey. Su matrimonio es bendecido por el último de los papas de Aviñón mientras san Vicente Ferrer celebra el oficio. Lamentablemente, el matrimonio no traerá el deseado heredero.

A continuación, el poema explica cómo el rey abandona Bellesguard, porque, en el palacio, “era perseguido por la tristeza / que le dio el día de Santiago / la noticia de la muerte de su hijo único”. Sin embargo, la muerte no tardará en presentarse también al afectado padre. El poema concluye evocando los últimos días del rey Martín el Humano en el monasterio de Valldonzella, a una hora de Bellesguard. Allí vemos al último monarca del Casal de Barcelona, rodeado por su esposa y caballeros y damas del reino. El papa Benedicto XIII llega para administrarle el viático, y Martín recibe la bendición final antes de morir. Es entonces cuando, según la tradición, el rey cedió su trono a Jesucristo, verdadero soberano espiritual. Para ser más exactos, el rey Martín, en su lecho de muerte, al ser preguntado sobre su sucesor, respondió que lo sería “aquel que se sentía” en ese momento, refiriéndose al sonido de la campanilla del viático que anunciaba su última comunión.

¿Es real la leyenda? ¿Cómo continúa la historia? Si quieres conocer la respuesta y descubrir otros detalles de esta leyenda y poema, apúntate a la nueva ruta de Torre Bellesguard. ¡Te esperamos!

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