julio 24, 2026

Por Ferran Garcés

Uno de los elementos más representativos de la arquitectura de Gaudí es una zona que, generalmente, aparece como “secundaria” en otros edificios. Nos referimos a la azotea. Para la mayoría de los arquitectos, cualquier construcción termina allí y, por ello, no diseñan ningún elemento especial en ella. Sin embargo, en las obras de Gaudí, la azotea se convierte en una sorpresa, abierta tanto a la experiencia como a la fantasía o, en otras palabras, en lugar de ser un punto final, se transforma en unos puntos suspensivos…

Un elemento tan especial que justifica el nombre…

En el caso de Bellesguard, que significa “Bellas vistas”, su azotea justifica aún más este rasgo distintivo de Gaudí. En efecto, cuando vengáis a Torre Bellesguard, desde la terraza disfrutaréis de una vista de 360° de la llanura de Barcelona y de las laderas de Collserola, o, dicho de otro modo, del mar y la montaña. Sin embargo, dentro de la propia azotea encontraréis un espacio ideal para pasear como si fuera un pequeño laberinto…

Una azotea con cuatro caminos

Josep Maria Figueras i Bas, descendiente de los clientes de Gaudí, dedicó los últimos años de su vida a escribir un libro sobre su familia. Lógicamente, su testimonio es el de una persona muy cercana a la casa y es él quien, quizá, mejor ha descrito la azotea de Torre Bellesguard.

“Bellesguard tiene un camino de ronda como el de los antiguos castillos; este sigue el contorno del edificio con los almenados tan típicos de estas construcciones medievales. Hay otro paseo que conduce al mirador situado bajo la aguja, coronada por la cruz de cuatro brazos.

Existe un tercer camino que lleva a una pequeña terraza que, en realidad, es el techo del elegante palomar, que conserva los comederos y ponederos para palomas.

Finalmente, el cuarto camino sube a la gran terraza, el techo de las segundas buhardillas; desde este mirador, rodeado de pequeñas almenas de trencadís de pizarra, se contempla una gran vista panorámica de toda la ciudad de Barcelona.” (1)

Cuatro caminos y un dragón…

Por si fuera poco, todos estos caminos se distribuyen alrededor de una fachada con una forma que recuerda la cabeza de un dragón. No se ha conservado ningún testimonio que permita afirmar que esta fuera la intención de Gaudí. Sin embargo, teniendo en cuenta su conocida afición por la leyenda de san Jorge, la idea resulta ciertamente tentadora. Por otra parte, Gaudí comenzó Bellesguard en el año 1900 y, cuatro años más tarde, la Casa Batlló, también famosa por su azotea que esconde un dragón. ¿Simple casualidad?

En cualquier caso, en la azotea de Bellesguard podemos disfrutar de más elementos simbólicos, no menos sorprendentes. Cedamos de nuevo la palabra a Josep Maria Figueras i Bas:

“Quizá el símbolo más representativo de Bellesguard es la esbelta aguja que simula los pináculos de las catedrales góticas y que termina con una cruz formada por cuatro brazos tridimensionales orientados hacia los cuatro puntos cardinales. Al final de la aguja aparecen unas franjas helicoidales de color rojo y amarillo que representan la senyera catalana. En la base de la cruz se observa una corona, que es la del rey Martín I el Humano.” (1)

Cuatro caminos, almenas, buhardillas, un palomar, un posible dragón, un pináculo con simbolismo religioso e histórico… La azotea de Gaudí, más que una despedida, es una invitación a regresar. Con cada ligera variación del clima, la experiencia de la visita es diferente, pero, con sol o lluvia, calor o frío, la visita a Bellesguard no es solo la visita a un edificio, sino también al paisaje de toda una ciudad.

Recordemos que Bellesguard significa “Bella vista”. Os invitamos a disfrutarla…

Notas

(1) Figueras i Bas, Josep M.ª (2016), La familia Figueras. Los señores de Bellesguard, obra autopublicada, Barcelona, p. 68.