agosto 29, 2026

Por Ferran Garcés

“Fuente y fachada posterior de la torre Bellesguard”, Carles Fargas i Bonell, ca. 1920. AFCEC

Termina la temporada de verano. Como cada año, la demanda de agua se ha hecho notar estos días, de agua y de un lugar “al fresco”. En el pasado, quizá las temperaturas no eran tan extremas como las actuales, pero la necesidad de combatir el calor era similar. Sin embargo, en lugar de playas, antes el principal punto de atracción eran las montañas, y antes que el agua del mar, lo que se buscaba era el agua de las fuentes. Por suerte, Barcelona cuenta no con una sino con dos montañas, además de varias colinas, todas ellas con una gran cantidad de fuentes y torrentes.

Desgraciadamente, muchos han sucumbido ante la progresiva urbanización del paisaje que rodea Barcelona y Bellesguard. Por ejemplo, en la foto de cabecera del artículo vemos la fuente desaparecida que diseñó Domènech Sugrañes, colaborador de Gaudí, alrededor de 1916 en la parte posterior del jardín (hoy ya no forma parte de la zona visitable). La fotografía fue tomada cerca de 1920, la fuente fue destruida en los años 50. Es un testimonio nostálgico de aquellas fuentes que hoy recordaremos. Por otra parte, también es un ejemplo de cómo la historia de Bellesguard corre paralela a la del líquido elemento…

La primera fuente, la primera mención

«La relación de Bellesguard con el agua viene de antiguo», escribe Esteban Galindo, miembro del Equipo de Investigación de Torre Bellesguard (1). Tan antigua que, de hecho, la primera mención del lugar es un documento legal del año 1361 en el que se menciona un litigio y el acuerdo correspondiente para disponer del agua de su fuente, aunque entonces todavía no tenía este nombre. El documento también habla de tierras de cultivo, especialmente viñedos y árboles frutales, así como de un aljibe, palabra de origen árabe que hace referencia a una cisterna o depósito amplio que recogía el agua de un torrente llamado del Mal y, más tarde, de Betlem, hoy en día la calle Bellesguard.

Otro dato interesante del documento, continúa Galindo, es que este torrente, llamado del Mal «por los grandes destrozos que causaba con las lluvias, y más tarde denominado de Betlem, dividía las parroquias de Sarrià y Sant Gervasio. De hecho, en la documentación medieval, la torre Bellesguard a veces aparece como perteneciente a una u otra población» (2). Además del torrente, también había una fuente y una mina de agua.

La fuente de un rey

En otras palabras, las aguas de Bellesguard eran a la vez superficiales y subterráneas. La posterior intervención de Gaudí y de su ayudante Domènech Sugrañes incluyó obras en todos estos ámbitos (véase: El agua, la protagonista secreta de Bellesguard). En consecuencia, los terrenos de Bellesguard siempre han sido descritos como fértiles, con alusiones a jardines, huertos y viñedos (vèase: la vendimia). En el verano de 1408, el rey Martín el Humano pasó unos días en una casa señorial situada junto a -y sobre- dichos caudales de agua. Entonces, la finca se llamaba Vallblanch y era propiedad de Eufrasina, sobrina de Joan Fivaller, uno de los consejeros más populares de la Ciudad Condal

La finca gustó tanto al rey que decidió adquirirla de inmediato. El propio Fivaller actuó como procurador en la gestión de la compra (enlace al documento original: venta). Acto seguido, y con gran diligencia, se emprendieron las reformas necesarias para adaptar la propiedad a su nueva condición de palacio real. Como era de esperar, el nuevo espacio, además del castillo, incluía un espléndido jardín y huerto, con su correspondiente pozo. Tanto impresionaban las vistas desde el palacio como magnífico era el propio edificio, que el rey lo bautizó con el nombre de Bellesguard (“Bellas vistas”).

La fuente de una ciudad

Las aguas alrededor de Bellesguard siguen manando en un relato que mezcla historia y leyenda. La parte legendaria vuelve a tener como protagonista a Joan Fivaller, el consejero que hemos mencionado anteriormente. Según la tradición, este ilustre patricio descubrió una mina de agua mientras cazaba en sus terrenos de Collserola, cercanos a Bellesguard. Después canalizó el agua hasta la fuente de la plaza de Sant Just, considerada una de las más antiguas de la ciudad. Según algunas fuentes, fue construida en 1367; según otras, en 1427. En cualquier caso, su aspecto actual, de estilo neoclásico, corresponde a una reforma realizada en 1831 y no todo el mundo considera real la participación de Fivaller. La anécdota de la fuente de Sant Just, en cualquier caso, ilustra la importancia del agua en la zona de Bellesguard.

La descripción más antigua del real sitio de Bellesguard data de finales del siglo XVI. La realizó el humanista barcelonés Dionís Jeroni de Jorba en un libro publicado en 1585 titulado Descripción de las excelencias de la muy insigne ciudad de Barcelona. En ella no podía faltar otra alusión al agua (el texto está originalmente en castellano):

«cerca del monasterio Pedralbas (Pedralbes), hay muchas torres de señores particulares y un castillo nombrado de Bellesguarte (Bellesguard), antiguamente de los reyes de Aragón, el cual está cercado de sus murallas y torres: un gran patio, una fuente y cisterna, un huerto muy lindo y una lonja con columnas y insignias de reyes de Aragón; una capilla, dos galerías con veinticuatro ventanas, donde se puede ver Barcelona y el mar, una sala de armas, la cárcel, capilla, relojes; y es un lugar muy sano» (Véase el original en Google Books, pp. 14-15).

De esta misma época data otra referencia al agua bajo el palacio de Martín I. Nos la explica Josep M. Vall Comaposada, otro miembro del Equipo de Investigación de Torre Bellesguard: «El abundante caudal hizo que, en el año 1588, los consejeros de la ciudad proyectaran conducir el agua de la mina de Bellesguard hasta Barcelona» (3), y añade: «En aquel período fue cuando los consejeros de la ciudad trataron infructuosamente de comprar la finca para abastecerse de su manantial de agua pura y abundante» (4).

Una fuente en disputa

Ya sabemos que en 1361 hubo un litigio por el agua de la zona. No fue el único. En un documento notarial del 1 de abril de 1612 se menciona otra disputa sobre la fuente de Bellesguard. El pleito duró hasta el 12 de diciembre de 1617. Como resultado, se construyó una pequeña caseta cerrada con un sistema de canalizaciones para distribuir el agua (5). Hubo más pleitos, pero hasta aquí llegamos por razones de espacio. Continuaremos el próximo viernes. Hacemos, sin embargo, un pequeño spoiler: en el siguiente capítulo, la abundancia de agua de la zona se convertirá en una maldición para sus habitantes y edificios, incluido Bellesguard…

Notas

(1) Galindo, Esteban (30/04/2015), «El agua de Bellesguard», revista Diari el Jardí.

Véase también: Galindo López, Esteban (2020). Análisis del paisaje histórico del norte de Barcelona, siglos XV al XVIII: Bellesguard. Disponible en: Repositorio de la Universitat de Barcelona

(2) Ibíd.

Véase también: Mestre Campi, Jesús (08/11/2016), «La riera de Bellesguard», revista Diari el Jardí.

(3) Vall i Comaposada, Josep M. (2014), Bellesguard. De la residencia de Martín el Humano a la torre Gaudí, Duxelem Editorial, p. 48.

(4) Ibíd., p. 78.