septiembre 11, 2026

Por: Ferran Garcés

La Diada, una conmemoración celebrada por primera vez un día como hoy de 1886, coincide con el Año Gaudí 2026, que celebra el primer centenario de la muerte del arquitecto catalán. Para rendir homenaje a ambas celebraciones, hemos pensado realizar un recorrido por un símbolo representativo de estas dos efemérides: la señera, el estandarte de los antiguos reyes de Aragón y, hoy en día, la bandera de Cataluña.

El motivo de las cuatro barras aparece en muchas de las obras de Gaudí, aunque no en todas. De forma significativa, lo hace a partir de 1900, inicio del período más creativo del arquitecto y también de la consolidación del catalanismo político, con acontecimientos como el nacimiento de la Lliga Regionalista, el partido con el que Gaudí mostró más afinidad, aunque nunca colaboró de manera activa.

Candelabros para el Ayuntamiento de Barcelona (1878)

La primera vez que vemos una señera en una obra de Gaudí es formando parte del escudo de Barcelona, en el fuste de un proyecto de candelabros para plazas y paseos de la ciudad de Barcelona. Solo se construyeron dos ejemplares en la Plaza Real, otros dos en la Plaza de Palacio y una tercera pareja en la entrada del Paseo Nacional de la Barceloneta. Fueron realizados alrededor de 1878, el año en el que Gaudí acababa de obtener su título universitario. Pronto veremos que tan importante como la aparición de las cuatro barras son los símbolos asociados a ellas. En el caso de los candelabros, el símbolo elegido es el caduceo alado de Mercurio, dios del comercio, la principal actividad de la ciudad.

Fuente de Hércules en el Palacio Güell (1884)

Entre 1884 y 1887, en la zona de Pedralbes, el conde Güell encargó a Gaudí la realización de los pabellones de portería de su finca de veraneo. Son famosos por el dragón que da forma a la puerta de acceso a la finca. Toda la obra hace referencia a los orígenes mitológicos de Barcelona, siguiendo el poema La Atlántida de Joan Verdaguer, pero no es en ellos donde vemos las cuatro barras. Para descubrirlas, hay que adentrarse en el jardín. Allí, al inicio de las obras, en un rincón tan escondido que durante años la obra permaneció olvidada, Gaudí diseñó una pequeña fuente. Como los pabellones, la fuente está dedicada al héroe griego Hércules y al dragón contra el que luchó, pero, a diferencia de ellos, la fuente incluye un escudo de Cataluña de piedra en la pila donde mana el agua.

El Palacio Güell (1886-1890)

Poco después de la finca de veraneo, el conde Güell encargó al joven arquitecto no sólo una portería y una fuente ornamental, sino el palacio entero. Gracias a la libertad que le otorgó su mecenas, Gaudí pudo desarrollar toda su creatividad con un escudo bien original.

En lugar de una superficie plana, la señera aparece aquí en un cuerpo cilíndrico, donde las cuatro barras se elevan en forma de espiral o helicoidal y donde, para distinguir los colores sin utilizar pintura, Gaudí ideó una trama de huecos y relieves. Este sorprendente escudo está rematado por un casco sobre el que reposa un ave fénix con las alas extendidas. Tanto la espiral como el fénix son símbolos de resurrección y, en consecuencia, de la Renaixença, el movimiento de reivindicación de la identidad catalana característico de aquella época.

Casa Calvet (1898-1900)

Construida entre finales del siglo XIX y principios del XX, la Casa Calvet es la primera obra de Gaudí en el Eixample. Fue diseñada para servir tanto como zona de negocios, en la planta baja, como vivienda, en las plantas superiores. La parte inferior de la fachada gira en torno a la tribuna, un enorme balcón lleno de símbolos que hacen referencia a la prosperidad de la familia y de la ciudad. En la base del balcón destacan la forma de un ciprés, alegoría de la hospitalidad, un escudo de Cataluña y la letra C, en referencia al apellido del cliente.

En el interior del vestíbulo se encuentra una innovadora obra mecánica: un ascensor. Antes de llegar a él, sobre un arco de medio punto, descubrimos unas curiosas señeras pintadas en forma de cintas acompañadas por una frase en honor a la Virgen: «Ave María Purísima, sin pecado fue concebida». Es el mismo saludo que Gaudí utilizará en su siguiente obra, la casa de Bellesguard (véase: La Inmaculada Concepción)

Torre Bellesguard (1900-1909)

El modernismo incluye también más de una casa de estilo neogótico para recrear el pasado idealizado de Cataluña. Sin embargo, en el caso de Bellesguard, su aspecto medieval responde a una «nostalgia justificada». Cinco siglos antes de Gaudí, el lugar albergó realmente un auténtico castillo, el del rey Martín I el Humano, último miembro del Casal de Barcelona (véase: El nacimiento de un palacio). De hecho, el proyecto de Gaudí incluyó la protección de las escasas ruinas supervivientes de aquel castillo (véase: Arquitecto y restaurador). Todo el conjunto es, en realidad, un homenaje a este monarca y, por extensión, a Cataluña (véase: Reconocimiento histórico)

Sobre la azotea, rodeado de almenas, se alza un vistoso pináculo rematado por la señera, una vez más en forma de espiral o helicoidal, como en el Palacio Güell, aunque esta vez diseñada mediante un trencadís de vidrios de colores para que el sol haga brillar las cuatro barras. Los símbolos asociados a ellas son una referencia histórica, la corona del rey, y otra religiosa, la cruz de cuatro puntas característica de Gaudí. Cabe añadir que, durante la Dictadura, la señera tuvo que ser cubierta. Su recuperación tuvo lugar durante los inicios de la Democracia.

Por si fuera poco, encontramos otra señera a pie de tierra, en el jardín, realizada esta vez en piedra. Se sitúa sobre la puerta de medio punto que da acceso a la barbacana que integra los restos del antiguo castillo. A ambos lados del escudo, Gaudí enlaza el pasado de la finca con su presente mediante dos fechas: MCCCCIX (1409), año en que Bellesguard se convirtió en residencia real y papal, con la presencia de Benedicto XIII, el «Papa Luna», y MCMIX (1909), año en que Gaudí finalizó su intervención. El arquitecto añadió además una alegoría con un medio sol naciente en el extremo superior derecho, símbolo de prosperidad, y un rostro con los ojos vendados en el extremo opuesto, símbolo de decadencia (véase: Los soles de Bellesguard)

Más tarde, su colaborador Domènec Sugranyes añadió más escudos de Cataluña a los mosaicos de los bancos del jardín, convirtiendo a Torre Bellesguard en el edificio con más señeras de Gaudí. En total, cinco. En los dos mosaicos de la entrada, la señera hace referencia a la hegemonía catalana en el Mediterráneo (véase: Los peces de Roger de Lauria)

Estandarte de la Misericordia (1900)

El año 1900 fue también el momento de otra señera, esta vez en forma de pendón: el Estandarte de la Misericordia, diseñado para celebrar la peregrinación al santuario de la Virgen de la Misericordia, patrona de Reus. Realizado en cuero repujado, el estandarte mostraba en el reverso el escudo de Barcelona y, en el anverso, a Isabel Besora, la pastorcilla del siglo XVI a quien se apareció la Virgen que da nombre al santuario (véase: Las banderas de Gaudí)

Park Güell (1900-1914)

En la icónica escalinata del Park Güell se encuentra, quizás, la señera más famosa de Gaudí. Elaborada con la técnica del trencadís, está acompañada por la cabeza de una serpiente, hecho que ha inspirado diversas interpretaciones. Una de ellas alude a la serpiente como símbolo de la salud, como ocurre en las farmacias, para reforzar la idea de que el parque era un espacio saludable. En cualquier caso, vemos una vez más la capacidad de Gaudí para fusionar la catalanidad con distintos elementos históricos y religiosos.

El Misterio de Gloria, Montserrat (1903-1907)

El primer acto de conmemoración del Once de Septiembre se celebró en 1866 en la parroquia de Santa María del Mar. Fue una misa en honor de los mártires caídos durante el asedio de Barcelona de 1714. El canónigo encargado de la ceremonia fue Jaume Collell, uno de los principales amigos de Gaudí, junto con otras figuras cercanas al arquitecto, como el poeta Jacint Verdaguer y Josep Torras i Bages, obispo que se convirtió en uno de los principales teóricos del catalanismo religioso de la época. Fue él quien afirmó: «Cataluña será católica o no será» (véase: Los amigos religiosos de Gaudí)

Pues bien, el canónigo Jaume Collell fue también quien propuso en 1893 la construcción de un rosario monumental entre el monasterio y la Santa Cueva de Montserrat, sufragado, como la Sagrada Familia, por particulares y cofradías religiosas. El proyecto preveía quince conjuntos escultóricos, uno para cada misterio de la Virgen.

Gaudí recibió el encargo de dirigir el Primer Misterio de Gloria, correspondiente a la resurrección de Jesucristo y que debía ser financiado por la Liga Espiritual de Nuestra Señora de Montserrat, fundada por Josep Torras i Bages, el otro obispo amigo de Gaudí. En la primavera de 1903, el arquitecto presentó su proyecto a la Liga, donde la resurrección de Cristo debía servir también como alegoría de la resurrección de Cataluña.

Lamentablemente, debido a problemas de financiación, las obras no se iniciaron hasta la primavera de 1907, y por poco tiempo. Ese mismo año, nuevas dificultades económicas paralizaron el proyecto. El conjunto sería completado entre 1913 y 1916 por otro arquitecto, Jeroni Martorell, que modificó el diseño original de Gaudí. Además, durante la Guerra Civil, el Misterio sufrió importantes destrozos. Solo tras el conflicto se emprendió su restauración. Aun así, la parte más sorprendente del proyecto nunca llegó a realizarse: una gigantesca señera…

La señera más visible y nunca realizada

Joan Bergós, el primer biógrafo del arquitecto, nos habla de una señera que nunca llegó a construirse. Debía coronar el proyecto de Gaudí en Montserrat. Antes de hablar de ella, conviene explicar brevemente el lugar para quienes no lo conozcan. La formación más emblemática de la montaña de Montserrat es una aguja conocida como el Cavall Bernat, que se alza en el límite entre los municipios de Monistrol de Montserrat y Marganell.

Dicho esto, podemos dejar que sea el propio Gaudí quien explique su sueño, a través del testimonio de Joan Bergós, quien recogió sus palabras en varios libros:

«Sobre la esbelta aguja del Cavall Bernat habría colocado una gran corona de hierro forjado y vidrio, rematada por una estrella y sosteniendo una enorme campana que habría hecho oír las campanadas del Ángelus en todas las comarcas cercanas; la corona, accesible por una escalera enroscada en la roca, habría servido también de cómodo mirador para los excursionistas. En la gran peña inferior habría colocado un escudo de Cataluña de veinte metros de altura, realizado en mosaico, que habría sido visible hasta a diez kilómetros de distancia».
(Gaudí, el hombre y la obra, 1954).

«Sobre el primer Misterio de Gloria debía situarse un escudo de Cataluña de mosaico, de más de veinte metros, que se habría visto perfectamente desde Monistrol. En la roca perforada debía colocarse una campana monumental, realizada mediante suscripción popular de toda la tierra catalana, para tocar el Ángelus tres veces al día. Además, el Cavall Bernat debía rematarse con una enorme corona coronada por una estrella (monumento a la Santísima Virgen). Esta corona sería accesible y serviría de mirador».
(Conversaciones de Gaudí con Juan Bergós, 1974).