abril 2, 2026

Por: Ferran Garcés

El pasado 21 de marzo fue el Día Mundial de los Colores y este viernes, día 3 de abril, es el Día Mundial del Arcoíris, dos efemérides que, en el fondo, nos recuerdan que ya ha llegado la primavera, la estación de la floración y el rebrote de la Naturaleza. Hoy hablaremos, pues, de los colores en la obra de Gaudí, incluido el blanco, un color muy especial en Torre Bellesguard.

La naturaleza -y el arte- es color

Antes de licenciarse, Gaudí escribió una especie de diario que se conoce como El manuscrito de Reus (1870-1878). Es uno de los pocos documentos escritos por él. En este documento, demuestra su conocimiento de los templos egipcios, griegos y musulmanes, caracterizados por su rica policromia. Uno de los fragmentos más conmovedores es aquel en el que recuerda la importancia del color pero también la necesidad de aceptar la pátina del tiempo, o en sus propias palabras:

“La ornamentación ha sido, es y será coloreada. La naturaleza no nos presenta ningún objeto monótonamente uniforme. Todo en la vegetación, en la geología, en la topografía, en el reino animal, mantiene siempre un contraste de color, más o menos vivo. Y es por eso que obligatoriamente debemos colorear en parte o bien todo un miembro arquitectónico, una coloración que tal vez desaparecerá, pero de la que la mano del tiempo se encargará de darle otra propia y preciosa: la de la antigüedad” (1)

Más adelante, Gaudí dejó de escribir y lo que conocemos son frases rescatadas por colaboradores suyos. Gracias a ellos sabemos que el arquitecto continuó opinando sobre el color. Por ejemplo, a Cèsar Martinell, uno de sus primeros biógrafos, le dijo: “Los griegos, cuyos templos eran de mármol pentélico, un mármol cristalino como el azúcar, transparente y de una hermosura nada vulgar, no dudaron en pintarlos; porque el color es vida y nosotros no debemos despreciar este elemento para infundirla en nuestras obras” (2)

Los colores de la montaña

Torre Bellesguard no es uno de los edificios más coloridos de Gaudí, debido a que el arquitecto evoca la atmosfera de un palacio medieval, como homenaje a Martí I el Humano, el último miembro de la Casa de Barcelona y la persona que mandó construir el lujoso palacio de Bellesguard hacia 1409. Aún asi, la paleta de colores es de una sutileza extrema. En apariencia, la recreación se basa en elementos góticos, como líneas rectas, alemenas y ventanas coronelas, pero, en un análisis más detenido, vemos que esa fachada es un sorprendente trencadis, la famosa técnica característica del modernismo.

Un trencadis que, por un lado, al estar realizado con la piedra de la montaña colindane, Collserola, permitia a la casa mimetizarse con el entorno natural. Al menos, a principios del siglo XX, cuando no había ningún edificio alrededor. Por otro lado, aunque la fachada parece verde,  si la observamos detenidamente, en realidad está confeccionada con fragmentos de diferente color y tonalidad. Fue el propio Gaudí quien los distribuyó en diversas formas y tamaños con el objetivo de romper la monotonía de la fachada, aparentemente medieval. Además, según la iluminación del sol, o su ausencia, estas diversas tonalidades hacen que la apariencia del edificio sea más cálida o más fría. Un efecto de luz que, dicho sea de paso, en Torre Bellesguard, como en todo edificio situado cerca del Mediterráneo, Gaudí consideraba ideal porque “La virtud está en el punto medio; Mediterráneo quiere decir en medio de la tierra. En sus riberas de luz media y a 45 grados, que es la que mejor define los cuerpos y muestra su forma, es el lugar donde han florecido las grandes culturas artísticas, por la razón de este equilibrio de luz: ni demasiada ni poca” (3)

Los niños y niñas del Grupo Tolkien y el grupo Agatha Christie de la Escuela Horitzó de Barcelona nos visitaron en marzo de 2023. Después hicieron un dibujo. Uno de ellos capta perfectamente la relación del edificio con el sol…

Los colores del sol

Una vez en el interior, nos sorprenden la forma y los colores de la vidriera en tres dimensiones, que representa a la Virgen y la Estrella de los Reyes de Oriente. Resulta aún más impresionante cuando sabemos que el día de Navidad, la luz del sol, al atravesar esta vidriera, refleja una estrella de ocho puntas alrededor del óculo de la columna frontal del recibidor y un círculo en la pared de enfrente. Un claro ejemplo del dominio de la gnomónica, la ciencia que estudia el movimiento del sol, así como del pensamiento de Gaudí, que definía la arquitectura como “la ordenación de la luz” y a estos reflejos del sol, como “las pinturas efímeras de Dios” (véase: la gloria de la luz) Por otro lado, los colores para el arquitecto denominado “de Dios”, también tenían un significado liturgico. Según la tradición cristiana de las virtudes teologales, el color amarillo simbolizaría la fe, el verde, la esperanza, y el púrpura, la penitencia, tal como los vemos reflejados en la vidriera de Bellesguard.

Estrella de Venus de Bellesguard

Blanco, el color espiritual y práctico

Antes hemos mencionado cómo un joven Gaudí recordaba la importancia del color entre los antiguos griegos, hasta el punto de que pintaban el mármol pentélico. Ahora bien, con el tiempo, el estudio de la luz llevó a Gaudí a desarrollar un uso singularísimo del color blanco. Lo empezamos a ver en el Colegio de las Teresianas, emplazamiento de una de sus obras más alabadas: la galería de arcos parabólicos de color blanco, donde el juego de luces y sombras permite reforzar la simbología espiritual del edificio, inspirado en la mística de Santa Teresa de Jesús. “La Gloria es la luz, la luz da la alegría y la alegría es el gozo del espíritu” (4), decía el arquitecto de Dios, como a menudo se le llama, y añadía: “la luz es armonía, da relieve, decora” (5), objetivo que consigue con originales patios y lucernarios para aprovechar al máximo la luz natural en combinación con superficies blancas.

Lo vemos también en Torre Bellesguard, diseñada de tal manera que tanto en el exterior como en el interior, la luz del sol, el gran pintor de la Naturaleza, cambia según el momento del día y de la estación. Al mismo tiempo, la pureza del color blanco resalta los arcos y las formas sinuosas del peculiar estilo de Gaudí en su etapa más madura. Conviene aclarar, llegados a este punto, que los mosaicos actuales, de color mayoritariamente azul, fueron añadidos más tarde por Domènec Sugranyes, un colaborador suyo. No obstante, Gaudí quería la entrada de color blanco, como vemos en esta antigua fotografía.

 

En resumen, una fachada y una entrada pensadas para el disfrute de los sutiles juegos de luz y sombra, así como de los colores de la vidriera. Para terminar, una frase de Galdric Santana, director de la cátedra Gaudí, comisario del Año Gaudí y arquitecto conservador de la Torre Bellesguard. A la pregunta de por qué hay que visitar Torre Bellesguard, respondió, entre otras razones, “y evidentemente la plástica que tiene, sus interiores, este efecto de la luz sobre la superficie que va haciendo cavidad, luz, cavidad, luz, cavidad… estos efectos de la luz del Mediterráneo, que además aquí la ves en línea directa” (6)

Notas

(1) Puig-Boada, Isidre (1980) El pensamiento de Gaudí. Compilación de textos y comentarios, Barcelona, Publicaciones del Colegio de Arquitectos de Cataluña, p. 33
(2) Ibíd., p. 103
(3) Ibíd., p. 91-100
(4) Ibíd., p. 226
(5) Ibíd., p. 210
(6) Palmer, Jordi (17/10/2024) “Galdric Santana: Si te gusta Gaudí, Bellesguard es una visita obligadísima”, El Nacional.

Joan Bassegoda i Nonell, otro Cátedra Gaudí, y conocido estudioso de Gaudí, escribió: “Los interiores de la torre Bellesguard, tanto el de la escalera como los de las habitaciones son resueltos con delicadas formas blancas, conseguidas con pintura de cal, sobre rebozado y emblaqueamiento encima de la estructura de lardillo. Con la nitidez del blanco mate de la pitura al temple, el simple encalado, las formas aparecen en toda su significativa sencillez. La suavidad de los rincones y las superficies onduladas y sin aristas componen una arquitectura sutilmente insinuada que, con el acompasado contraste de matices entre el blanco y el gris oscuro, toma un encanto especial. Las enjutas agujereadas de los arcos y los espacios entre arcos y capiteles sugieren una arquitectura fluïdament espontánea”. Bassegoda i Nonell, Joan (1984), Gaudí, Salvat-La Caixa, p. 81