abril 30, 2026

Por Ferran Garcés

La semana pasada fue Sant Jordi y recomendamos algunas lecturas relacionadas con Bellesguard. Hoy seguiremos otro rastro literario, el del arquitecto. ¿Qué leía Gaudí? Una de sus frases más conocidas habla del libro de la Naturaleza: «El gran libro, siempre abierto y que hay que esforzarse en leer, es el de la Naturaleza». Pensamiento similar al de otra frase popular: «Aquel árbol cercano a mi obrador: ¡este es mi maestro!». Ahora bien, Gaudí tuvo otros maestros, todos ellos dentro del ámbito religioso (véase: los amigos espirituales de Gaudí), y también leyó otros libros. ¿Nos acompañáis a su biblioteca?…

 

los mentores y amigos espirituales de Gaudí

1888-1893. Astorga, obra y conversaciones

Como hemos anticipado, y sin negar la influencia de la Naturaleza, Gaudí también era de la opinión de que «La liturgia cristiana nos da lecciones de la más delicada estética pura» (1). Podemos detectar una de las primeras señales de esta creencia en las apasionadas conversaciones que, según dicen, mantuvieron dos amigos que se conocían desde muy lejos. Ambos habían nacido, de hecho, en el mismo lugar, Reus, pero la Providencia los reunió, sobre todo, en torno a las obras del Palacio Episcopal de Astorga (1889-1893), en León.

Allí, el obispo Joan Grau i Vallespinós pidió a su amigo, Gaudí, que edificara un nuevo palacio episcopal, dado que el antiguo se había quemado. Durante las obras, el obispo instruyó a fondo sobre la liturgia católica al arquitecto. Una liturgia

que, en aquellos años, recibía aires de renovación gracias a la publicación de una obra muy influyente en su tiempo: L’Année Liturgique de Dom Prosper Guéranger, abad de Solesmes, en Francia. Este libro se convertiría, quizá, en el libro más consultado por Gaudí. Él mismo decía: «He aprendido la liturgia viva siguiendo el ciclo anual de la Iglesia con los quince densos volúmenes de Dom Guéranger». Libro que, por cierto, Gaudí leía en francés. Añadir, de paso, que el primer comprador de la finca de Bellesguard fue este obispo.

Alrededor de esta época, otro libro destacado en la obra de Gaudí fue Las Moradas o el Castillo Interior de Santa Teresa de Jesús, obra cumbre de la literatura mística del Siglo de Oro español y el principal motivo de inspiración detrás de la edificación del Colegio de las Teresianas (1888-1890). Por cierto, Gaudí también mantuvo largas conversaciones con Enric Ossó, el promotor de esta obra y amigo común de Joan Grau.

1911. Convalecencia en Puigcerdà

Conocemos otras lecturas de Gaudí a partir de uno de los episodios más fascinantes del arquitecto. Su convalecencia de unas fiebres de Malta en Puigcerdà, en la primavera de 1911. En un momento dado, el estado de su salud fue tan crítico que se llamó a un notario local para que redactara su testamento. Por fortuna, el moribundo se fue recuperando poco a poco, gracias a las atenciones de su amigo, el doctor Santaló (véase: las enfermedades de Gaudí). De aquella estancia, han sobrevivido las siguientes anécdotas:

  • Primera anécdota: San Juan de la Cruz

El propio Gaudí nos relata su experiencia: «La fachada actual de la Pasión la proyecté en el dolor, en 1911, cuando estaba enfermo en Puigcerdà, y donde llegué a estar tan grave, que, al meterme en el baño, oí que una de las personas que me sostenían decía en voz baja: ¡Ha fallecido! La convalecencia fue larga y tenía como enfermero a un religioso camilo castellano, de Castilla la Vieja, paisano de san Juan de la Cruz, cuyas obras me iba leyendo.

La poesía del santo, que tan bien leía el religioso, no solo me consolaba, sino que iba templando mi espíritu para continuar meditando sobre el portal de la Pasión, que finalmente dibujé sobre el papel. Como la convalecencia fue larga, tuve tiempo para estudiar y meditar el mencionado portal» (2)

  • Segunda anécdota: Verdaguer, Casanovas, Kempis, Torras i Bages…

Lentamente, el doctor Santaló permitió a los principales amigos que visitaran a Gaudí, como Lluís Millet, el músico con quien el arquitecto compartía la pasión por el canto gregoriano y polifónico. Esta forma de música, como el libro de Guéranger, también formaba parte de la reforma litúrgica mencionada anteriormente (véase: retorno al origen musical).

Gijs van Hensbergen, uno de los principales biógrafos de Gaudí, escribe: «El período de descanso también le permitió el lujo de dedicarse a la lectura. Seguía teniendo a mano, como siempre, L’Atlàntida y El Canigó, de Verdaguer, así como el Misal Romano, el Viejo Testamento, una colección de ensayos de Ignasi Casanovas, La Imitación de Cristo, de Thomas Kempis, y La Ciencia de sufrir, de Torras i Bages» (3)

1921 Un periodista visita el taller del artista

Además de libros, Gaudí estaba al corriente de las noticias y de los acontecimientos que ocurrían en el mundo a través de la lectura diaria que hacía de La Veu de Catalunya. Pues bien, un periodista de esta publicación visitó el taller de Gaudí, en la Sagrada Familia, en el año 1921, y escribió: «Entre los libros más a mano, en su mayoría litúrgicos, que se ven cerca de la mesa de Gaudí en la Sagrada Familia, destaca especialmente el Caeremoniale Episcoporum, el código protocolario de la Iglesia de Roma. En este libro, publicado por el papa Clemente VIII (año 1600), se recoge toda la tradición romana de las ceremonias celebradas con orden solemne» (La Veu de Catalunya, 24-XII-1921).

En resumen, Gaudí sintió una gran admiración por el gran libro de la Naturaleza, pero no fue el único. Aun así, en el fondo, liturgia y Naturaleza eran lo mismo. Todas las lecturas del maestro conducían al mismo destino: una arquitectura plena no solo de formas sino también de significado.

Notas

(1)  Puig-Boada, Isidre (1980) El pensamiento de Gaudí. Compilación de textos y comentarios, Barcelona, Publicacions del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya, p. 200.

(2)  Ibíd, p.

(3)  Hensbergen, Gijs van (2002), Antoni Gaudí, Debolsillo, Barcelona, p. 272.